Archivos Mensuales: marzo 2016

Ya llego el abuelo… y ya se fue.

Era algo muy especial para mi, esperar con ansias la llegada de mi abuelo, desde los días previos a su llegada, mientras yo a las justas llegaba al mostrador del teléfono donde mi papá se sentaba y hablaba alegremente con mis tíos de lima, uno a uno iban desapareciendo los rines comprados por mi padre y como siempre yo pidiendo el teléfono para poder enviar algún saludo, que a veces se deba y a veces no, ustedes entenderán, en aquellos tiempos una conversación telefónica no era tan fácil de realizar, lo bueno es que teníamos a 5 cuadras aquellos teléfonos que nos permitían oír las voces de nuestros seres queridos.

Ya habiendo recibido la noticia, todos nos poníamos contentos en casa: viene el abuelo!!! en aquellos tiempos era una bocanada de buenas nuevas y de regalos claro esta, que uno cuando niño disfruta mucho, pero con el pasar del tiempo hubiera preferido cambiar los regalos por quizás mas tiempo, mas tiempo con el.

Cuando mi papá partía al aeropuerto la emoción en mi era desbordante, hasta podíamos contar los minutos que se demoraba papá en regresar con esa figura un poco gordita, algo calva y con un bigote que ha había sido (al parecer) transmitido de generación a generación, look que no comparto, debe ser por la época que me toco vivir.

Mi Abuelo llegaba con sus maletas y una caja en especial, después de escuchar su característico timbre de voz íbamos y lo abrazábamos, nos impregnábamos de su olor característico, un olor de señor bonachón limeño, me preguntaba como estaba y luego de sonrisas y de cruzar palabras, procedía a abrir una caja en particular con un contenido muy particular, hasta ahora no se el nombre del pan que traía de Lima, pero que maravilla de pan, muy grande del cual podíamos sacar muchas tajadas, era sino una de las cosas que mas recuerdo en mi infancia, una cena con el, su voz, su riza y el olor de la leche caliente y el pan que nos traía.

Mi abuelo venía a desconectarse de la capital, disfrutaba de ir al mercado, de conversar con los vecinos, de volver a meter sus dedos en la tierra y de armar sus almácigos de almendra, que a su despedida florecían bajo el pie de nuestro ahora inalcanzable coco. Todos los años  esa era su rutina, y también de vez en cuando se daba sus traguitos con sus amigos, recuerdo haberlo visto irse con una camisa blanca y regresar con unos detalles marrones y mi papá al costado suyo, al acercarse pude apreciar que los detalles eran barro y que mi padre estaba ahí para que no perdiera el equilibrio debido al alcohol, es que venir a aquella Pucallpa poco pavimentada y no resbalar en el barro era no haber venido a Pucallpa.

Ese era mi abuelo y hoy lo recuerdo con cariño, pese a que por momentos era renegón y terco y quien a esa edad no será así? quien no sentirá los embates de los años? quien no recordará lo mejor de nuestras vidas a esa edad? La verdad espero que tu familia de Pucallpa, a la cual visitaste muchos años, estuviera acompañándote en tus momentos de soledad y si algo se es que viviste lo suficiente como para sentirme orgulloso de ti, lastima que no pude acompañarte en tus momentos mas duros, aunque tu si me has acompañado en varios momentos especiales de mi vida, me viste reír y llorar pero me queda el hermoso recuerdo de tu sonrisa, tu bigote, tu enérgica voz y aquellas cenas que disfrutábamos juntos, ya nos encontraremos y yo pagaré el café, aunque estoy seguro que como siempre… no me dejaras hacerlo.